30 Minutos (Re-Birth)

29 agosto, 2005

Un cuento

Todo el mundo se acercaba a aquel hombre a contarle historias. Algunos le contaban sus penas, otros sus alegrías y alguno contaba mentiras solo por contar algo.
Cada vez que alguien le contaba una historia, la cara del hombre se volvía mas y mas triste. Nadie parecía darse cuenta de eso, hasta que una mujer le preguntó que era lo que le afligía. El hombre la miró sin decir nada. Su problema era que, a diferencia de los demás, él no tenía nada que contar.

24 agosto, 2005

Amor platonico

Estaba en sexto de EGB y ella se convirtió en mi primer amor platónico. No nos vamos a engañar, no era la mas guapa de la clase, aunque yo encontraba en ella una belleza especial. Yo, con aquella edad, recuerdo que pensaba ¿por qué me gusta? ¿por qué la encuentro atractiva? No era la que mejor vestía, no era la que tenia las tetas mas gordas (con esa edad y en pleno desarrollo, este es un punto muy importante) ni tampoco era la mas popular por alguna habilidad en concreto. No paraba de darle vueltas, ¿por qué me gusta tanto?. Nunca me atreví a confesarla aquella atracción, no por miedo al rechazo, si no por cuidar mi imagen, yo no podía estar con la mas fea.
Con el tiempo lo entendí porque me gustaba tanto, era la única chica de la clase con la que podía hablar con sencillez, sin necesidad de seducirla, y por que además me trataba bien, y creo que era por esto por lo que mas me gustaba.
A lo largo de mi vida me han preguntado muchas veces cual es el motivo de que siempre me sienta atraído por las mujeres menos impresionantes físicamente, y es que creo que ellas son las que mejor me han tratado.
Cuando acabamos el colegio y comenzamos a ir al instituto alguien me dijo que ella había estado enamorada secretamente de mi durante muchos años. Eso fue lo último que supe.

23 agosto, 2005

Un hombre invisible (VII)

Pasaron semanas. A él dejó de importarle que ella estuviera casada, al fin y al cabo ella era diez años mayor y era normal que tuviese una vida establecida. Por otro lado ella no volvió a ocultarle nada que pudiese ser relevante para su amistad. Y los dos prometieron no volverse a emborrachar juntos en el asiento de atrás de un coche, aunque rompieron esta promesa en varias ocasiones.
Aquella noche era una de esas ocasiones, aunque esta vez ella se habia empeñado en pagar una habitación en un hotel con cargo a la tarjeta de la empresa. Aún estaban sudorosos y jadeantes cuando se encendieron un cigarrillo. El habia empezado a fumar “por que ella le habia pegado la costumbre” decia, aunque realmente era por que el sabor del tabaco le recordaba a sus besos.
- Voy a cambiar de empresa y de ciudad.
Lo dijo como como quien aprieta el gatillo de una pistola, con decisión y rapidez. A él la frase además le sonó a explosión.
- Pero ¿porque?¿cuando lo has decidido?¿tienes algún problema?
- Mi marido no tiene trabajo desde hace dos meses y a mi me ha ofrecido algo mucho mejor la competencia. Es mas dinero y un contrato mejor. No quiero irme, pero no me queda otro remedio.
- Si es por dinero te puedo prestar todo el que necesites. Solo dime cuanto quieres, pero no puedes irte, no ahora.
Ella suspiró profundamente
- De todas las personas del mundo que quisieran ayudarme tu eres la unica de la que no puedo aceptar la ayuda.
Se levantó y se quedó de espaldas a él.
- Mira, tú en mi vida no existes. Solo existes en el trabajo y cuando estoy contigo, y asi debe seguir siendo.
Comenzó a ponerse las bragas y el sujetador. El la miro, no podia dejar de mirarla, queria que su último recuerdo de ella fuese verla vistiendose, queria recordarla colocandose el sujetador, abrochandose la blusa, subiendose las medias, ciñendose la falda. Después se marchó, dejando detras de ella una estela de humo y olor a perfume caro.

Ella desapareció y con el tiempo él volvió a ser invisible, y ahora además también inexistente.


Fin

22 agosto, 2005

Un hombre invisible (VI)

- Hazme un favor, invítame a una copa en algún lugar lejos de aquí, no soporto a tantos pelotas juntos.
El aliento de ella olia a ginebra y tabaco, él pudo saborearlo y olerlo por que se lo echó en la cara. Pudo sentir un calambre que le recorrió toda la espalda, la cogió de un brazo y la sacó de la fiesta con discreción pero con rapidez.
Cuando salieron a la calle no encontraron ningún sitio donde poder tomarse nada, asi que él volvió a la fiesta aprovechando su don de invisibilidad, robó una botella de ginebra y regresó a donde estaba ella. Se metieron en su coche y empezaron a beber en el asiento de atrás mientras se contaban relatos de sus vidas que aun no conocían y trataron de arreglar el mundo. Sin saber muy bien como él se encontró la lengua de ella en su boca, o quizá fue ella la que se encontró la lengua de él. El espacio era pequeño y estrecho pero ambos se las arreglaron para hacer lo que querían con el otro. Sin saber como ella se vio apoyada en la bandeja de atrás del coche, mirando por el parabrisas trasero, mientras que él la penetraba, primero desde atrás y luego por detrás.
Acabaron exhaustos y a pesar de que estaban desnudos, se sentaron en el coche sin importarles que alguien pudiese verles así.
- Espero que no pienses que me he follado a toda la oficina, la verdad es que es la primera vez que lo hago.
El no había hecho ninguna pregunta y le extrañó la justificación.
-Bueno, me da igual que te hayas follado a toda la oficina. Además, de ser así, yo seria el último, tu postre, lo mas dulce y mejor de cada comida. Y esa idea me gusta por que detrás de mi no hay nadie.
- Maldito petulante. ¿crees que eres tan bueno? ¿y si te digo que la verdad es que me he acostado con la mitad de la empresa?
- Bueno, en ese caso el reto seria mayor, por que mi misión seria dejarte tan satisfecha que no quisieses acostarte con la otra mitad.
- ¿y si te digo que estoy casada?
- Eso no me lo habías dicho nunc

18 agosto, 2005

Un hombre invisible (V)

El llegó puntual, aunque ella ya le estaba esperando. Empezaron a beber y a charlar y continuaron así hasta que no encontraron ningún bar abierto y no les quedó mas remedio que despedirse.
A la mañana siguiente él pensó que no le apetecía tomarse su café leyendo noticias, sobre todo por que la resaca le estaba matando y no hay nada como compartir ese tipo de cargas con alguien que se sienta igual, así que fue al despacho de ella y la invitó a un café. Llegaron los dos juntos hasta la máquina, donde había un nutrido grupo de gente intercambiándose los últimos cotilleos, y allí comentaron las mejores jugadas de la noche anterior. El resto de la gente al oír su conversación callaron y escucharon, ellos no le dieron importancia y continuaron hablando sobre quien había bebido mas y cual era la letra de canción de borrachera mas absurda que recordaban. Cuando terminaron su café volvieron a sus sitios, seguidos por la mirara de varios pares de atónitos ojos.
Después de varios días viéndolos salir juntos de la oficina y tomando café juntos la gente empezó a rumorear. Un día una cara sonriente apareció por encima de una de las paredes del cubículo del hombre invisible.
- Hola ¿sabes que este viernes es el cumpleaños del jefe de producción? – dijo la cara sonriente y anónima.
- Si, pero yo ya puse dinero para su regalo.
-oh! Si, claro, es que se va a hacer una fiesta y quizá te interese venir. Van a estar todos los jefes y TODAS las jefas.
El hombre invisible no sabia muy bien a que venia ese énfasis, o bueno, si lo sabia pero no se quería enterar.
- Esta bien, iré, gracias.
Y cuando volvió a su trabajo lo entendió. No podían invitarla a ella, una de las jefas mas importantes, sin invitarle a él, sobre todo teniendo en cuenta los rumores que corrían. Parecía que ella le había curado de su invisibilidad.

17 agosto, 2005

Un hombre invisible (IV)

El llegó temprano a la oficina. A esa hora tan solo estaba el guardia de seguridad, las luces de la planta aún estaban apagadas y solamente se oía el rumor de algún ordenador que alguien se había dejado encendido. Fue a su cubículo, encendió su ordenador, se dirigió a la maquina de café y volvió a su sitio. Se tomo el café leyendo los periódicos por Internet, antes también leía su correo electrónico, pero ya nadie le escribía. Cuando terminó este ritual que se repetía cada mañana continuó con el trabajo que le había quedado pendiente de la noche anterior. Poco a poco la oficina se fue poblando de gente, aunque no la vio aparecer a ella.
La mañana estaba transcurriendo exactamente igual de aburrida que cualquier otra cuando llegó un mensajero con un paquete para él. Esto era una novedad por que él nunca recibía paquetes ni cartas, pero esta vez el sobre de plástico venia a su nombre. Rompió el envoltorio con la dificultad con la que se suelen romper esos envoltorios y dentro había un paquete de forma cúbica envuelto en papel de periódico en el que se leía “no abrir” en sus seis caras. El hombre invisible lo miró extrañado, y ya que no solía recibir paquetes decidió no abrirlo por temor a que le hubiese llegado a él por error a pesar de que iba a su nombre.
Un rato después de la recepción del paquete tuvo una llamada de teléfono. Era la segunda cosa insólita que el ocurría aquella mañana, ya que su teléfono nunca sonaba, tal era así que no recordaba cual era el timbre del aparato. Miró la pantalla y pudo ver que era un numero de fuera de la ciudad.
- ¿Dígame?
- Discúlpame si ayer salí corriendo, pero no recordé que esta mañana tenia una reunión muy temprano fuera de la ciudad. Te aseguro que no fue una excusa.
- Bueno, no te preocupes. Hicimos un trato y pensé que te habías acogido a una de las cláusulas.
- No, tonto, no fue así. ¿Has recibido mi paquete?
El sacó el paquete del cajón donde lo había guardado y jugueteó con él entre sus dedos.
- Si, imagino que debe de ser este que no puedo abrir.
- Bueno, ya puedes abrirlo.
Intentó abrirlo y se sintió muy aliviado al pensar que ella no pudiese ver sus manos nerviosas y temblorosas manipular torpemente aquel cubo hasta que consiguió arrancar todo el papel de periódico. Dentro de aquel envoltorio había una caja de plástico, y dentro de la caja, un reloj de pulsera.
- Vaya, es precioso, gracias.
- Quiero que sepas que no es un regalo para pedirte perdón, ni tampoco te lo regalo por compromiso. Te lo doy por que lo vas a necesitar. Quiero verte esta tarde a las ocho en el bar de ayer ¿podrás?
El comprobó que estuviese en hora comparándolo con el reloj de su ordenador, después se lo ajustó a la muñeca.
- Si, claro que podré. Seré puntual.
- Hasta luego, entonces, un beso.

16 agosto, 2005

Un hombre invisible (III)

En el bar la charla se fue animando con cada vaso que se vaciaba. A su alrededor pudieron ver muchas caras distintas que se sentaban en la barra y luego se marchaban. Ninguno de los dos sabría concretar el tiempo que estuvo allí sentado, pero si podrían decir que fue mucho. Ella le pregunto que hora era, pero el hombre invisible nunca llevaba reloj.
- Nunca he tenido ningún reloj, nunca nadie me ha regalado uno y a mi nunca se me ha ocurrido comprar uno, no se, creo que nunca lo he necesitado. Por las mañanas me levanto con el despertador, y si llego a tiempo o no al trabajo me da igual.
- ¿y cuando quedas con alguien como lo haces?
- Nunca quedo con nadie.
Entonces él tuvo la necesidad de ir al servicio, tanta bebida le había llenado la vejiga y ya no podía aguantar mas.
Cuando regresó no la vio. Ni ella, ni su bolso, ni su chaqueta, ni ningún otro rastro de que hubiese existido.
- Perdona – le dijo el camarero - ¿tú estabas con una pelirroja de unos cuarenta años hace un rato? Me ha preguntado la hora y me ha dicho que tenia que marcharse, que mañana a primera hora tiene una reunión y tenia que estar presentable.
El hombre invisible sabia que para él las cosas buenas nunca duran demasiado, pero aquella noche había valido la pena, aunque su acompañante hubiese acabado huyendo.
Hizo ademán de pagar, pero el camarero le dijo que la cuenta ya estaba completamente saldada.

11 agosto, 2005

Warhol y Lichtenstein

Un día llegó completamente emocionada a casa
- “tío, que guay, hoy he tenido un Warhol en la mano, y después he abierto otra caja y he sacado un Lichtenstein. No me lo puedo creer, van a hacer una exposición sobre el pop y yo voy a cuidar de las obras y a catalogarlas. ¡es genial!”
No podía dejar de dar saltos de alegría, y yo tampoco podía dejar de estar alegre por que podía vivir uno de los momentos mas importantes de su vida junto a ella.

10 agosto, 2005

Un hombre invisible (II)

De repente la oficina se quedo completamente a obscuras.
- Perdón, ¿podrían volver a encender la luz?, aun queda gente.
Realmente solo quedaba él, y le incomodaba mucho que no le hubiesen visto.
- ¿quién anda por ahí? – Pregunto una voz femenina que se asomo por encima de una de las paredes de su cubículo. – Perdona, no te había visto. ¿quién eres? ¿trabajas aquí desde hace mucho?
Aquella pregunta le molestó muchísimo por que llevaba en esa empresa, sentado exactamente en la misma mesa, mas de tres años.
- Soy el encargado de documentación.- Contestó de una forma seca.
- ¿Y siempre te quedas hasta tan tarde? – Preguntó ella mientras apagaba un cigarrillo en un vaso de café medio vacío.
- No, solo cuando hay que entregar informes de evaluación. ¿sabes que no se puede fumar en todo el edificio?
Ella le miro divertida y curiosa al mismo tiempo.
- ¿Sabes que? no te conozco, y si te quedas hasta tan tarde por esta mierda de trabajo imagino que estarás tan jodido como yo, y a mi me apetece tomarme una copa – abrió su bolso y saco un cigarrillo y lo encendió – así que me voy a quedar aquí a fumar este cigarro y cuando lo acabe me marchare. Si mereces la pena tu habrás terminado tu trabajo y te vendrás conmigo, si no te interesa me dirás que aun te queda mucho por hacer.
El abrió unos ojos como platos al oír aquella proposición, y no pudo evitar sonreír.
- ¿Crees que se puede conocer a una persona en el tiempo que tardas en fumarte un cigarro?
- No. – dijo ella con sencillez.
- En ese caso, lo mejor es que empecemos a conocernos alrededor de una cerveza. Si dejo de interesarte me dirás que mañana tienes una reunión a primera hora y tienes que madrugar, si dejas de interesarme te diré que tengo que volver a la oficina a terminar mi trabajo.
- Acepto el trato.
Apagó el ordenador y los dos se marcharon en dirección al ascensor. El iba contento por que por fin alguien podía verle.
- Oye, el discursito del cigarro, lo tenias ensayado ¿verdad?
- Soy la directora de creatividad. Mi oficio es el de impresionar a la gente y pensar rápido.
Los dos abandonaron juntos el edificio dejando una estela de sonrisas y charla animada.

09 agosto, 2005

Un hombre invisible

Era un hombre invisible. Su invisibilidad, además, era algo incomoda ya que no era constante, si no que podía volver a ser visible en determinados momentos que el no controlaba. Por ejemplo la primera semana de cada mes su jefe podía verle y le pedía los resultados del mes anterior, el resto del tiempo su jefe parecía no poder verle. Así mismo volvía a hacerse visible cuando había que poner dinero para comprar regalos a algún compañero de la oficina por cualquier motivo, pero después se volvía invisible y normalmente no solían invitarle a fiestas, cenas o cualquier otro evento celebrado por sus compañeros. Debido a la inestabilidad de su poder no se atrevía a usarlo para disfrute propio, como meterse en los vestuarios de la selección femenina de jockey hierba o de voleibol. El nunca sabia cuando era visible o invisible, y esa incertidumbre era realmente incomoda.

08 agosto, 2005

Nacido ayer

El había sido húsar durante toda su vida. Podía recordar como al principio la gente le miraba raro por la calle cuando se ponía el uniforme, pero se veía realmente guapo con esos pantalones ajustados y las botas de motar siempre brillante y la chaquetilla colgando sobre un solo hombro. En las discotecas las chicas le miraban raro en su mayoría, aunque siempre estaba la que se sentía atraída por la majestuosidad del uniforme. Además él pensaba que nadie sabia mas de caballos que él mismo, sabia distinguir razas y pelajes, sabia de monta y de doma, e incluso se veía capaz de hacer una carga con sable a pesar de que el contacto mas cercano con un caballo que tuvo en toda su vida fue en el zoo.
La moda de ser húsar se fue extendiendo, comenzaron a abrirse discotecas dedicadas en exclusividad a ellos y empezaron a aparecer las primeras mujeres húsares que vestían los mismos uniformes que los hombres. Si algo odiaba mas que nada era toda esa gente que se estaba haciendo húsar solo por que estaba de moda, y sobre todo odiaba a todos esos imitadores alternativos como los dragones o los coraceros.
Una noche estaba en una discoteca para húsares cuando un amigo quiso presentarle a alguien.
-Te voy a presentar a un conocido, veras como te gusta, dice que es rococó. – le dijo su amigo.
Realmente el tipo era de lo mas extravagante. Vestía un traje de raso azul celeste, todo lleno de lacitos a juego y encajes y una gran peluca blanca, además de lo que parecía el garrote de un pastor.
El húsar de toda la vida y el rococó se quedaron hablando toda la noche. Este último le explicó que llevaba un garrote de pastor por que iba a una “pastoral”, una fiesta en la que todo el mundo se hace pasar por pastores de un mundo onírico, grupos de hombres empujan a las mujeres en columpios colgados del techo y al final acaban follando todos juntos. El rococó invito al húsar a ir a aquella fiesta que se repetía cada fin de semana y este aceptó, pero cuando llegó se sintió realmente fuera de sitio, aunque le fascinó lo que vio. Concertó una cita con su nuevo amigo para el fin de semana siguiente y se pasó toda esa semana de tienda en tienda comprando encajes y bordados y trajes de raso y seda, medias y chapines y una gran peluca blanca.
En la fiesta rococó del sábado por la noche se encontraba pugnando con su nuevo amigo por ver quien empujaba mejor el columpio de una chica muy atractiva, cuando ella le dijo que no le había visto nunca por esas fiestas, la pregunta no le pilló por sorpresa y sabia perfectamente lo que tenia que contestar cuando alguien le dijese eso.
El había sido rococó durante toda su vida.

04 agosto, 2005

Por los pelos

Recuerdo los veranos de mi infancia en el pueblo de Toledo. La casa de mis abuelos es una gran casa de labranza típica de La Mancha, con un gran patio, un pajar y una cuadra, con una pequeña granja de cerdos justo detrás, y un doblado que primero hizo las veces de vivienda y luego se reconvirtió en trastero, granero y almacén para las herramientas del campo. La casa estaba completamente encalada, con unos gruesos muros de adobe y unas ventanas y puertas muy pequeñas, todas excepto la puerta falsa, una gran puerta de caballos que daba acceso primero a un zaguán y después al patio. Mi abuela cerraba ventanas y contraventanas y bajaba las persianas para que el calor no entrase y así mantener el fresco. Por la tarde, cuando el calor de la llanura manchega daba un respiro nos salíamos al patio, mi abuela solía coser y mi abuelo y yo nos sentábamos debajo del zaguán y jugábamos al tute. Siempre me decía que a la ocasión la pintan calva y hay que cogerla de los pelos.

02 agosto, 2005

Embarazo

A ella nunca la considere mi amiga, aun hoy sigo pensando que me tenia como si fuera su mascota, algo divertido con lo que pasar el rato. Solo me hablaba de la cantidad de cocaína que podía esnifar, de su autocontrol con las drogas y de los hombres a los que se follaba. Pocas veces me hablaba de su vida privada, excepto que sus padres eran médicos, que a ella la sobraban muchos mimos y que su padre maltrataba a su madre antes de que se divorciasen.
Una vez me dijo que se había quedado embarazada y que pensaba abortar, sobre todo por que no sabia de quien era el bebe, que podía ser de tres candidatos distintos, por un lado de un legionario al que se tiraba cuando venia a Madrid, de su novio que para nada era su tipo, excepto en el hecho de que tenia mucho dinero, y de un tipo que había conocido una mañana en el metro y al que se follo por la tarde. Un día me dijo que faltaría la día siguiente, que pusiese cualquier excusa. Cuando me preguntaron por ella dije que había ido al dentista por que tenían que operarla de algo. Regreso dos días después ya sin embarazo, y estuvo callada durante toda una semana, simplemente se sentaba a mi lado en clase con la mirada perdida en el vacío. Poco a poco volvió otra vez a ser la misma, y esta vez no solo me hablaba de la cocaína que se metía y de su autocontrol con la droga o de los hombres a los que se follaba, también me hablaba de lo fácil que había sido abortar. Tres meses después se volvió a quedar embarazada.

01 agosto, 2005

analisis

Hoy os voy a dejar con una de las mejores maravillas que alguien ha podido escribir en español. Son dos versos que una vez escuchados se vuelven inolvidables, y puede que a algunas personas incluso les cambien la vida. Lamentablemente son anónimos, así que no sabremos quien ha sido en gran autor que ha podido escribirlos. Aquí os los dejo.

“No me folles en el suelo como una perra
Que con los cojonazos el culo se me llena de tierra”

Ahora, si no os importa, paso a analizarlos, para que reflexionemos sobre como algo tan breve puede decir tanto.

En una primera lectura vemos toda una reivindicación, claramente encontramos que el personaje principal es una mujer y que la gusta ser penetrada vaginalmente, no me atrevo a decir que sea heterosexual por que en los tiempos que corren puedo ser tachado de homófono por algún heterofobo, así que dejémoslo en que la gusta ser penetrada vaginalmente, ¿y como he llegado a esta conclusión? Pues por que si tuviese una polla en el culo difícilmente podría este llenársele de tierra a golpe de cojon.
Además encontramos un lamento. Aunque ella tiene ganas de repetir con su amante, necesita expresar su incomodidad en plan “sigue follandome, pero en otro sitio por que en el suelo es un poco molesto”, si ella no quisiese creo que la rima seria un poco mas negativa.
También encontramos una descripción física de ambos amantes. Por una parte podemos pensar que ella es muy delgada por que el puede arrastrar sus testículos por el suelo, eso no ocurriría si ella fuese, al menos, normal. Pero también podemos pensar que el tiene un tamaño de escroto fuera de lo común, y por eso los arrastra y en cada envestida ella tiene que sufrir el picor de la tierra en su culo.
Además nos deja con un punto de intriga, por ejemplo ¿son amantes casuales y por eso tienen que follar en cualquier parte? ¿son hortelanos y follan en el suelo de la huerta? Y de ser así, ¿empezaran a hacerlo en el brocal del pozo, con los riesgos que eso contrae, despues de esta queja?.
Por otro lado tampoco sabemos que ropa interior usa ella, aunque es de imaginar que usara bragas de cuello vuelto o bien vaqueros muy ceñidos, de forma que una vez acabado el coito y ella vestida, la tierra quede presa entre sus nalgas. Esto no la ocurriría en caso de usar tanga y falda, puesto que la gravedad ayudaría a que la tierra cayese. Pero ¿por qué no se limpia el culo después de follar? Porque, sin duda, es una guarra.